Fragmentos de La guerra de los dos senderos



Apreté la radio sobre mi pecho, pese a los brazos dormidos, y eché a correr preso del miedo.
Claudio, por el contrario, se detuvo de espaldas al individuo a mitad de la escalinata. Siempre solía decirme que si lo iban a matar lo haría de cara a su enemigo, para poder mirarle a los ojos, y nunca en el suelo tras un tropiezo de los suyos. Me detuve y decidí bajar hasta la mitad de la escalera para quedarme junto a Claudio. La gran figura de carnes caídas apareció envuelto en sombras sin descubrirse su identidad...




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